2 · L’Albufera

En algunos poemas árabes se le llama Espejo del Sol, ha sido protagonista de novelas como ‘Cañas y Barro’ y a mí me ha dejado loco. Es un paraíso vegetal a menos de diez kilómetros de la ciudad de Valencia. Estoy hablando de la la Albufera, la laguna de agua dulce que está junto al mar pero que no pertenece a él, como una amante que se resiste a entregarse. Además, es un símbolo del cultivo del arroz y tiene entre sus habitantes a numerosas especies protegidas como el samaruc o la gaviota de audouin.

Su presencia se alza como el corazón de un conjunto de elementos naturales que han nacido por y con ella, como la Dehesa del Saler. Lo que más me ha gustado de este bosque mediterráneo es que se encuentra entre el Mediterráneo y la Albufera, unidos por un canal que se llama la Gola del Pujol.

La playas de la zona son de las preferidas por bañistas y paseantes, y también por los bostonianos como yo. Son tres: la del Saler, la de la Garrofera y la de la Devesa del Saler. Pero hay muchos otros ingredientes medioambientales que convierten la zona algo especial: los ullals, el marjal, las malladas… Todo esto crea un entorno ecológico que ha servido de inspiración para muchísimas manifestaciones culturales a través de los siglos, como, por ejemplo, mi documental.



Deja tu comentario