Día 7 · De la música y de quien la toca

Querido diario:

Es una verdad universalmente conocida que la música ayuda al mal de amores. En realidad, ayuda más una botella de cazalla empujada con pan de molde, pero qué vamos a hacerle. La cosa es que yo estaba convencido de que entre Laura y yo había surgido algo, que con sólo mirarnos ya habíamos pactado que tendríamos cinco hijos y todos llevarían gafas de pasta. Pero, no, eran quimeras de mi corazón, ella es una arpía con cara de ángel que ha jugado con mis sentimientos… No, es mentira todo, todo (menos lo del pan de molde) A ti no puedo engañarte, amigo diario, eres el único que conoce el interior de mi alma y mis esfínteres. Sólo quería parecer más interesante para cuando encuentren mi diario después del Apocalipsis zombie que se avecina.

Laura no me ha engañado, nunca me prometió nada pero sí es cierto que mi corazón ha estallado cuando la he visto… me cuesta escribirlo, con otro hombre. ¿Por qué? ¿Por qué ibas con ese engominado cuando llevar traje en esta ciudad ha pasado de moda? Me he sentido tan hundido, tan mierdecilla arrastrada, que sólo tenía dos opciones: cortarme las venas o componer una canción. Como las cuchillas de afeitar me dan miedo, me he decidido por la segunda opción. No quiero más líos con las autoridades así que estoy intentando registrarlo todo de legal, pero hay algún problema, que la canción ya existe o no sé qué bazofia administrativa. ¡Cómo va a pararse un alma herida a pensar en esos detalles tan vulgares!

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