Día 3 · Meterse en un jardín

Querido diario:

Love is in Viveros, everywhere you look around… Hoy me he convertido en un niño, para luego convertirme en un hombre, para luego convertirme en un delincuente, para luego ser inocente. Sí, es mi vida, ¿qué le vamos a hacer? Si una boca te dice “te pongo otra cerveza” mientras unos ojos te gritan “hazme tuya bajo esta contaminación lumínica”, ¿quién soy yo para oponerse a los designios de Cupido?

Vicent y yo hemos estado en Viveros, grabando unos planitos, unas explicaciones… cuando ¡bang! ha aparecido la que fue, es y será la mujer de mis sueños. Laura, en mis recuerdos tenías una 110, pero reencontrarte ha sido lo más maravilloso del mundo, a pesar de la 90. Ahí estaba yo, sintiéndome una criatura (de teta) otra vez cuando la responsabilidad de tener una familia me ha asaltado de golpe. Me he sentido como un héroe de esas telenovelas que juro que nunca veo: Lejos de su hogar, ha dejado atrás seres que le aman y le necesitan, pero ¡él no lo sabía!

Y qué bonitos han quedado los calabozos de la Ciudad de la Justicia…

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