Día 2 · Especies protegidas

Querido diario:

Como tengo una sensibilidad tremenda, y no estoy hablando sólo de mis encías, hoy estaba dispuesto a quedarme en auténtico éxtasis observando los paraísos naturales que rodean la ciudad de Valencia: la Albufera y El Saler. Y no entiendo cómo una cosa que tenía que salir tan bien, ha acabado tan mal. Siempre he oído que cuando la gente monta en un coche, se vuelve violenta. Pero no estoy de acuerdo, es más bien cuando se desnuda. Correr, genitales al viento, les nubla el cerebro. Eso o que habrán pisado una pincha, vete a saber.

Mi documental me está obligando, sin yo pretenderlo, a enfrentarme con la realidad más cruel. Dios, ¿qué quieres para mí, Dios? Yo, que soy capaz de amar a una serpiente, de ser su amigo más fiel, tengo que aceptar que soy un peligro con gafas. Incluso una dulce fruta, rebosante de vitamina C, se puede convertir en el arma más mortífera y letal entre mis manos. ¿Serán esas películas de Bruce Lee que tanto me gustaban? Be cítrico, my friend.

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